martes, 15 de mayo de 2012

Los grandes escritores empiezan con un cuaderno de cuero y un título respetable

El ser humano ha basado su existencia en conseguir cosas imposibles. Pero hay una en especial que nos ha turbado durante siglos. Todos los grandes inventores como Leonardo han intentado acomodar al ser humano en el único elemento donde no tiene nada que hacer: el aire. Todas las personas sin excepciones han soñado con algún día poder sentir una ligereza tal, que flotas sin esfuerzo, que burlas la lei de la gravedad y te elevas dejando a tu alrededor un sinfín de mirada incrédulas; como te deslizas, como el aire roza tu ropa y acaricia tu piel con dulzura. Todo el mundo ha querido sentir lo se se siente al pasar por encima de todos los obstáculos, burlándolos sin esfuerzo aparente, sentir el placer de ir donde quieras sin frontera alguna y sentirse libre, completamente libre. Todo el mundo ha deseado ascender alto, muy alto para confundirse de los problemas terrestres junto a las nubes y seguir subiendo para alcanzar la luna y al fin mirar hacia abajo y ver lo insignificante que es el mundo y todos los que hay en el; y sentir poder, como si con un solo soplido pudiera apagar cualquier incendio descontrolado de mundo y solo la criptonita podría acabar contigo. Por eso durante siglos hemos atribuido alas y/o la capacidad de volar a los seres más elevados como los ángeles o las hadas; porque al fin y al cabo son figuras humanas con el mayor don de la naturaleza. Claro que, pensándolo bien hay otros métodos para volar. Hablo de un pequeño muchacho decidido a no crecer jamás, que hizo de la idea de dejar volar su imaginación su carta de presentación. Tan solo hacen falta pensamientos felices y un poco de polvos de hada. Si Leonardo da vinci hubiera sabido esto, probablemente se hubiera ahorrado mucho sudor y lágrimas aun que claro él no era un infante, así que igual hubiera sido un poco complicado que nuestro amigo Peter hubiera ido a su rescate. Probablemente este hubiera sido de los piratas mano a garfio con el capitán, sorteando al tic tac de la vida encarnado por un cocodrilo al que a todos nos acaba engullendo.
Este es mi particular homenaje a James M Barrie y a su gran obra que trascenderá por los siglos de los siglos, contando una realidad muy sutil a ojos del eterno niño que él encarnaba. Porque ¿quien no conoce a alguien renegado a crecer? Todos tenemos un Peter dentro, una conciencia distorsionada en forma de campanilla, un país muy muy lejano donde todo es perfecto y existen las sirenas y habitan indios, una sombra burlona y un cocodrilo que hace tic tac persiguiéndonos el resto de nuestra vida; ya que el tiempo nos acaba dando caza a todos.
Nunca deberíamos dejar de creer, porque nunca es muchísimo tiempo.







"Cuando el primer niño rió por primera vez la risa se rompió en mil pedazos que saltaron por los aires en todas direcciones, y así fue como aparecieron las hadas".


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